Sólo fluir

¿Cómo explicarles que me cansé de dar? Que no es un cansancio de derrota o de decepción sino un sinónimo de « ya no me importa ».

¿Cómo le explico a la gente que me rodea que todo me dejó de importar? Que el modo de supervivencia me llevó tal vez al egoísmo. Que no me interesa qué piensan, que su ausencia no es un mal de morir. Que al fin aprendí a estar conmigo misma y que no me apetece ser su faro de luz ni su salvavidas. Que no tengo la intención de agradar ni de ser aceptada, que me siento putamente libre.

¿Cómo les explico que sin querer buscar la soledad, la encontré y me sentí a gusto en ella? Que no es una cuestión de convertirme en un ser huraño, sino de sentirme bien conmigo misma, de respetar mi paz interior. Que en sí, me sofoco fácilmente.

¿Cómo les digo que me siento libre y completa? Que pegué mis pedacitos y me forje una armadura indestructible. Que me siento lista para lo que venga. Que me cansé del drama, de escuchar, de entender, de ponerme en los zapatos del otro. Que necesito ver por mí, que no me nace tener paciencia. Que en resumen, me cansé de ser un cliché de mí misma.

¿Cómo les explico que me fui y que no quise volver?

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Reencuentro

Aprender a vivir sola ha sido tal vez el regalo más valioso que se me ha dado.

Digo el más valioso porque resulta ser un lujo, uno de verdad.

- Un reencuentro -

Me regocijo de una opulencia de placeres absurdos pero deliciosos. 
Caminar en bragas por estas cuatro paredes es sin duda uno de ellos. 
Dar un paso a la vez, sin vergüenza, sin pudor, muy dueña de mi misma... 
sólo caminar liberando cada cicatriz de mi cuerpo como una historia que se cuenta, que se abre al mundo, 
eso si que es lujo.
Son literalmente cuatro paredes pero son mías y saben a rebeldía de la buena.

Soy esa revolución que siempre ha sabido cómo devorar el universo entero de un solo bocado.


Entonces...

Rota,

reedificada,

imperfecta,

voluble y terca,


- Sigo siendo esa libertad que no deja de brillar -


Barcelona la bella

Me enamoré de Barcelona porque es coqueta, resuelta y estrambótica.

Y es que cuando la caminas, cuando te escabulles entre sus callejones verbeneros, la piel te palpita y el alma también.

Si cierras los ojos y respiras su mar, te impregnas de amor. Sí, de amor por la vida y fluyes. Te vuelves nube y flotas vigorosamente en ese pedacito de cielo azul.

Dejas de buscar el arcoíris porque ya lo llevas dentro,

porque te has convertido en primavera y floreces atrevida.

Entonces,

coqueta y resuelta,

has vuelto a ser estrambóticamente tú.

Retrato de un desencuentro

[ Lo que fuí ]

 

– Quise sentir –

Sentir con el pecho florecido,

con la sensiblería aguda,

punzante y caótica

como solo puede ser un alma desnuda

cuando cede a sus fantasmas.

– Quise volar –

Volar en mil pedazos,

y morir

de algo bueno o de algo malo,

pero sentirme viva.

– Quise ser –

ajena,

voluble,

impulsiva,

ser un acopio de mi misma.

– Quise temer –

temer a mis palabras,

al poder de mi mente,

a mi piel y a la suya,

temerle a algo.

– Quise soñar –

soñar realidades

o irrealidades,

inventar,

construir y destruir

como solo mi imaginación y yo sabemos hacerlo.

Idealizar tal vez…

 

– Quise equivocarme –

y volver a ser…

Gozos

Solo Dios sabe cuántas veces estaba destinada a despedirme de ti,

cuántas veces regresaría y cuántas veces me volvería a ir.

Amor, nos hemos llevado el premio de los mil y un adiós.

Premoniciones

El tiempo se mide en tu espalda
porque tus vértebras
son años que se escurren entre mis labios.
Tus huesos me hablan,
susurran cosquilleos en mis oídos
mientras tus ojos sonríen
y yo me hago eterna en tus brazos.
Adoro la noche que yace en tu mirada,
tan infinita
como esta alegría que se apodera de mí
 cuando estoy contigo.
Sobran las palabras y hasta el mundo
pues ahora mismo
 tus dedos son míos y mi piel los venera.
Me desarmas
Y dueles
mi cuerpo te ama,
mi alma te anhela.
Te ríes
como ríen las lunas crecientes
y brillas amor
con tu boca hecha estrellas
– interminable y silenciosa –
Te veo entonces
con la niña que vive en mis ojos,
la que murmura tu nombre
y se despide constantemente
cruzando sus dedos,
inundada de ti.
Te quiero
con los parpados dormidos,
con mis manos atadas
y el corazón estrecho.
Te quiero
desnudo, vestido,
presente o ausente
y de mil colores.
El tiempo no existe,
tu y yo somos perpetuos.

 

 

*Todos los derechos reservados

Monería

Si mis manos se desataran sobre tu piel,

el cielo se rompería de recelo sobre nosotros.

Las nubes se harían diminutas intentando cubrir tu torso desnudo.

Y yo, como no le temo a las tempestades,

pondría en marcha las yemas de mis dedos

y atravesaría los valles de tu ombligo caminando hasta tu boca.

Fundiría mis caderas sobre tu cuerpo canicular

y bailaríamos en un vaivén penitente.

Tomaría por asalto tu espalda,

tu cuello perpetuo,

y tus muslos de hierro.

Me apoderaría de tus ojos turbios,

de tu cabello oscuro

y hasta de tu sombra mi amor.

Devoraría tus miedos,

tus sueños

y tu lengua también.

Porque no hay alma que te desee más que la mía

y aun así

mis sentimientos más dulces te pertenecen.

Tú,

discordia de mi mente,

calamidad del destino,

estabas escrito entre las líneas de mis manos.

y como olvidarte?

si has estado presente desde el principio de los tiempos.

 

 

*Todos los derechos reservados

Requiem

Adiós simulacro de amor,

manojo de tierra,

viento de oasis.

Adiós niño de mis ojos oscuros,

reflejo demente

de quien ya no soy.

Adiós disparate,

desatino de mi mente ambigua.

Me ausentaré de tus paramos gloriosos cariño

porque hace frío y se me hielan las venas.

Te veré entonces

en otra existencia quizá,

cuando mis cumbres hayan alcanzado los infiernos.

Cuando mis pies ya no duelan.

Te buscaré cuando el océano de tu piel

haya perdido su caracola Marina.

Solo en aquel momento,

volveré entre las líneas del tiempo

para perderme en ti

una y otra vez.

Reflexiones urbanas y otros momentos de espera

Me han llegado a sudar las manos,

no tanto de nervios,

si no de un no se qué…

¡Una vaina rara!

Cuando creo que lo he visto todo

y que he sentido el mundo en su totalidad,

cae esta humanidad sobre mí

y pesa más que mi conciencia.

Y es que pa’ que lo voy a negar,

a veces desearía ser una locomotora,

una linea sin destino,

una maquina llena de indecencia,

o más bien…

– ¡Muy llena de mí! –

 

 

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